Tuesday, April 3, 2007

Amenaza.

Bueno... la verdad que por un asunto artístico y que tiene que ver con las motivaciones no contaré mucho de este, mi segundo (o tercer libro, según la perspectiva desde la que se lo mire).

Alguien escribió que precisamente cuando uno habla, o cuenta algo de su libro pierde toda la inspiración que nace de querer contarlo en miles de palabras de su obra.

Por esto mismo, y más que nada por un asunto de querer compartir lo que escribo que pongo un extracto del comienzo de este libro . Empecé escribiendo "Después de los tiempos" (mi primer libro) hace varios años ya. Terminé ese libro y me dí cuenta de que era una obra inconclusa (primer volumen de un total de 3 o 4), lo que dificultaba mucho cualquier incursión en el mundo de las editoriales, las cuales no están dispuestas a aceptar nada que quedé sin continuación por motivos razonablemente lógicos.


Bueno.. la cosa es que un día tuve esta idea.. que por supuesto, no se van a dar cuenta de que carajo trata con leer este primer capítulo que pongo acá.. pero esa es la idea .. después de todo por algo estoy escribiendo cientos de miles de letras no?. De todas formas advierto que es el segundo borrador, es decir sólo he escrito y revisado unos cuantos errores gramáticales y le he dado un vistazo por encima a las ideas generales. Todavía le falta la última revisión total, por lo que no es el texto definitivo, pero si puedo decir que es lo más cercano a la versión final, antes de ... la versión final .




Así que eso.. los dejo con esto para los que se den el tiempo de leerlo.. De todas formas aprendí hace no mucho el valor de la crítica y de saber que al fin de cuentas es una opinión más. He ahí el regalo de ser seres humanos. Gente que odia Lord of the Rings, gente que no vota por George W Bush, y otros que disfrutan de ver Mekano...

Hay gusto para todo .


********************************************************************************







Phillip McGann levantó ligeramente la cabeza cuando sintió el aire cálido entrar a sus espaldas. Su mejilla se encontraba apoyada sobre la barra de madera desgastada y sintió el sabor de cenizas bajo sus labios. No tenía la fuerza necesaria para buscar el sombrero que usualmente llevaba sobre la cabeza,regalo de un cliente que no había encontrado una mejor forma de agradecerle la protección que le había llevado ,para la seguridad de toda su familia. Ser vendedor de seguros le había permitido conocer mucha gente extraña…

La música de vaqueros seguía sonando, los pasos lentos y seguros sobre el suelo de madera artificial, se aproximaron cada vez más. Intentó cerrar los ojos, esperando que el dolor de cabeza que le atormentaba hubiese desaparecido para cuando volviera a despertar. Una vez más, había bebido más de la cuenta.

Los pasos cesaron y un objeto pesado fue colocado sobre la barra a escasos dos asientos de distancia. Estaba listo para proferir uno de esos gritos de borracho que siempre asustaban a los molestosos, cuando observó el reflejo del revolver reluciente, en una de las botellas de Whisky del mostrador.

El fornido barman pasó ante su campo de visión, con dos jarras de cerveza en la mano, justo en el momento en que volvía a cerrar los ojos para simular que seguía durmiendo. A estas alturas ya debía de haberse acostumbrado a verlo tirado, y por experiencia sabía que mientras no causara problemas, sería dejado en paz……Pero los problemas parecían seguirlo.

Cuando escuchó el sonido de los dos vasos chocando sobre la madera, se aprovechó de uno de los dos espejos, para verificar una vez más que la Ley de Murphy no le quería dar un respiro. Una gota de sudor, de lo poco que quedaba de agua no-alcoholizada en su organismo, cayó sobre el suelo de parquet y emitió un sonido que fue ensordecedor para sus oídos. Cuando vió las dos placas de los patrulleros descansando sobre sus pechos, tuvo que pellizcarse para no proferir una maldición. Poco a poco los sonidos volvieron a tomar sentido y mientras los dos oficiales conversaban en voz baja, cansados por un agotador día de no hacer nada, Phillip McGann se dio cuenta de que quizás había cometido su último error.

Con horror se imaginó el baúl de su auto. Cuando llegó algunas horas antes, no había habido otro automóvil más que su Ford Impala ’82 y unas cuantas motos. Ahora no sería difícil darse cuenta de que el vehículo junto al desértico camino de las afueras le pertenecía, y si se les ocurría revisar el baúl…

Presa del terror, las imágenes se le sucedieron rápidamente. Tres días atrás (o quizás cuatro, nunca estaba seguro de ello pues pasaba más horas ebrio que sobrio), había llevado el cuerpo a un puente de metal corroído, al lado de un basurero. Era de noche, con la madrugada aproximándose cada vez más rápidamente , había tenido que hacer un esfuerzo supremo para sacarlo del baúl y dejarlo al borde de la estructura metálica, para así dar el empujón inicial y dejar que la gravedad y las piedras añadidas al saco hicieran por si solas el trabajo.

No es que fuese un hombre débil, pese a sus cuarenta y seis años se conservaba muy en buena forma, y la adrenalina de saber que podía ser descubierto si cometía un desliz lo ayudaban a levantar lo que fuese necesario. Pero el temblor de las piernas que lo asolaba cada vez que hacía esto nunca desaparecía, a pesar de las cinco veces que ya había tenido que hacer lo mismo, siempre en una ciudad diferente. Luego había visto como la prueba de sus actos se hundía en las profundidades del río manchado por la contaminación.

Las putas manchas de sangre todavía estaban sobre la alfombra del baúl.

Si bien se había tomado la molestia de cubrirlo con los diarios que había robado de la entrada de la vieja descuidada de su vecina, no resistiría el análisis exhaustivo de un par de patrulleros aburridos, ávidos de solucionar algo que les diera nombre y la posibilidad de ascender a un rango más digno.

- … y el tipo le pregunta, “hey a cuantos asaltantes de bancos has mandado a la cárcel esta semana?” .-Philipp McGann comenzó a escuchar con atención lo que sucedía a su alrededor. De ello dependía su futuro..-Y este idiota le contesta “No sé, pero si le puedo decir que cada semana más llena está la lista de mi cuaderno!!”

- Jajaja. A eso se le llama ganar dos dólares honradamente. El barman sonrió, mientras intentaba limpiarse las lágrimas de risa que habían dejado un rastro rojizo sobre su rostro.

- Si, a ver si empiezas a implementar eso mismo tu -dijo la voz del que tenía que ser el otro patrullero-. Me debes 3 dólares. Esta cerveza está más caliente que Sandra.

- Bah.. –dijo el barman con una mueca de desprecio en su rostro- este calor infernal está arruinando todo. Si las cosas siguen así mi mujer me va a recibir con mis cosas esperando en la puerta del trailer.

Siguieron conversando, ajenos al bulto tirado sobre la barra. Philipp McGann recordó las clases de actuación que había hecho por un par de semanas para lograr el mejor efecto a la hora de vender los seguros de vida. “Todo está en la entonación” le había dicho en aquel momento su colega y uno de los líderes en venta de los últimos 6 meses, si salía segundo en la nómina, es que había tenido un mes muy malo.

“Yo llego a estos volúmenes de venta, no porque sea atractivo”.-le dijo sonriente, lo que le daba un extraño aspecto, si uno miraba que estaba vestido como si fuese a un funeral.- “Vamos, mira mi cara, tengo la belleza de alguien que fue pateado por un toro directo en el rostro. Si vendo lo que vendo es porque sé como aprovecharme de lo que piensan sus pequeñas mentes. Es tan simple como eso Philipp. Nosotros los seres humanos estamos diseñados para manipular a los otros. Si te aprovechas de eso formarás parte de los que venden seguros, sino no serás más que un comprador necesitado de sentirse a salvo”.

- Hey … -se hizo una pausa más larga de lo esperado. Philipp McGann casi podía sentir el poder de los ojos enfocados sobre su maltrecho ser, mientras un breve silencio se apostaba en este bar perdido del Medio Oeste. Sólo la música country de fondo siguió emitiendo sus notas, indiferente a la tensión que se comenzaba a alzar como una tormenta que surge sin previo aviso.- … .Está hecho mierda….

- ¿Nos lo llevamos a la comisaría? – dijo el patrullero más joven, mirando en dirección al Barman, mientras se acomodaba el revolver en el cinturón y comenzaba a levantarse de su asiento, dejando a medio terminar su jarra de cerveza.

No pudo continuar la frase, cuando una explosión de vómito le cayó a escasos centímetros de sus pies. Solo la experiencia de una infancia plena de practicar deportes, le pudo ayudar a esquivar la descarga que había surgido directo de la boca de Philipp McGann. Con un rostro de asco observó como el accidentado agresor caía sobre sus rodillas y continuaba en un segundo ataque dejando de recuerdo todo el interior de su estómago sobre el ya manchado suelo de parquet. Philipp McGann sabía muy bien que una situación desesperada exigía medidas desesperadas.

- Arggg maldito asqueroso. Ni pienses que voy a llevar a este hijo de puta en mi patrulla –dijo el oficial más experimentado, mirando al más joven sin dejar espacio para una discusión- . Lo dejamos aquí.

Unos segundos más tarde, y todavía mareado con el sabor amargo de la bilis en su boca, Philipp McGann sintió como se movía todo el mundo a su alrededor mientras volaba. El polvo que se alzó cuando cayó aparatosamente sobre el suelo arenisco, junto a la puerta que se cerraba violentamente a sus espaldas , le recordó que no había estado volando, ni que el mundo se había movido a su alrededor. Estaba de nuevo en las afueras de un bar de mala muerte como en tantas otras ocasiones ,que ya había perdido la cuenta. De nuevo se había salvado por un pelo. Phillip McGann no pudo más que preguntarse, por cuantas muertes más duraría su buena fortuna.

1 comment:

Anonymous said...

Oye ta demasiado bueno
ahora si q tengo mas ganas de leer tu libro :P
y ahora te postie en el blog y no en flog :D